testimonio

Mi nombre es Julia y me gustaría contar nuestra experiencia como familia en nuestro paso por MirAndes. Llegamos a MirAndes el año 2014, derivados por la Dra. Mónica Barahona a quien le agradeceremos por siempre su gestión profesional. A partir de ese año fuimos pasando por etapas  sanadoras, como muchos de ustedes, hasta llegar al día de hoy en que somos declarados de alta, estando claros que este mal es crónico.

¿Qué decirles en este momento?

Que la experiencia fue muy positiva, tuvimos plena confianza en MirAndes, en todo el equipo pues siempre nos demostraron absoluto profesionalismo en su quehacer.

¿Cómo fue nuestra experiencia a nivel familiar?

Partió siendo puro dolor, muchas veces desesperanzador, sin embargo hoy podemos decir lo más importante que yo puedo testimoniar en este momento: este mal o se puede enfrentar, se puede salir adelante.

¿Cómo fuimos venciendo tantas dificultades?

Primero nos miramos con gran amor, desde esa mirada vino lo demás: cuidando el estricto tratamiento médico cada día, donde estuviéramos el tratamiento se cumplía, asistiendo a los controles, aunque parezca muy obvio. Viajando desde Rancagua, en invierno y en verano, organizando las vacaciones en función de la asistencia a MirAndes o a los controles con la Dra., Psicólogo o Terapeuta. Pidiendo permiso en el trabajo, dándonos consuelo mutuamente en familia. Dándonos ánimo y  lo que hicimos con gran fuerza fue aferrarnos a Dios, en alguna ocasión, incluso, en forma desesperada. Y Dios nos respondió porque para nosotros, el equipo de MirAndes fue gente que Dios puso en nuestro camino y empezamos a ver que el mal retrocedía.

Otras formas de enfrentar la enfermedad fue leyendo, informándonos de este mal, buscando testimonios esperanzadores, que los hay, trabajando nuestros niveles de estrés y lograr un ambiente familiar exquisito. Con generosidad cuando había que entregar con cansancio.

Mi mensaje a las familias es de esperanza, decirles que se puede enfrentar, que hay que buscar, no quedarse en el lamento, sino mirar de frente la enfermedad no más y darle la pelea. Y debo reconocerlo: hay que tener la suerte de  encontrarse con verdaderos ángeles terrenales, como fue el equipo de MirAndes, que estoy clara que Dios puso en nuestro camino.

Quiero decirles, también, que nos quedan algunos desafíos que superar y uno de ellos es el de formar redes de apoyo. Otro desafío es quitar los estigmas sociales que existen debido a la ignorancia y la falta de amor. Los males no son solo de quienes los padecen y sus familias, sino de la sociedad completa  y los debe afrontar entregando oportunidades de inclusión e integración.

Agradecer a la Dra. Barahona, por su profesionalismo y humanidad, a la Dra. Escorza, a la Directora de MirAndes, la Sra. Nancy Aguilera,  a la Psicóloga Sra. Aida Pardow, a Marianela Cerda, en fin, a todos. Desde la entrada a cuando Kelly nos recibía hasta la Sra. que preparaba los “chubis” como decían los usuarios. A todos quienes trabajan en MirAndes un agradecimiento inmenso.

Finalmente, agradecer a Dios, aunque nos llame por caminos por los que no queremos transitar.