Nicole Ojeda Hidalgo
Terapeuta Ocupacional
MirAndes Rancagua

Desde que entró en vigor la Ley 21.015 de Inclusión Laboral> para personas en situación de discapacidad, que determina que al menos 1 de cada 100 trabajadores debe ser una persona en situación de discapacidad acreditada debidamente por la COMPIN, se han generado grandes diferencias en torno a la inclusión laboral.

Esto porque en su mayoría ingresan a trabajar personas con discapacidad física o intelectual, segregando a un grupo no menor con patologías psíquicas; probablemente debido a los estereotipos sociales en torno a patologías de Salud Mental como la esquizofrenia, trastornos bipolares, cuadros fóbicos o depresión.

Si bien desde la perspectiva del empleador no se generan tantos espacios de contratación para personas con patologías de Salud Mental, los mismos potenciales trabajadores no postulan, por miedo a ser discriminados o ser juzgados por sus diagnósticos.

Y es que, al momento de ingresar por la ley del 1% se busca a la persona con “el diagnóstico” más idóneo para cumplir la cuota del marco legal, dejando de lado las capacidades y experiencia de la persona.

Debido a lo anterior, es importante señalar que debemos modificar y cuestionar nuestros modos de actuar cuando vamos a postular o cuando vamos a seleccionar a un futuro trabajador, ya que nadie de nosotros está ajeno a vivir estas situaciones, pues la Salud Mental es parte de nuestro diario vivir, aunque a veces no lo vemos o no lo queremos ver.