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“Cuando me pidieron que escribiera sobre el Trastorno Bipolar, pensé de inmediato en todas las cosas que he tenido que superar para poder estar donde estoy, desde la depresión que me mantuvo en una gran oscuridad hasta poder entender por qué a mí”.

Así comienza su relato Ignacia, una joven de 26 años que vive en primera persona esta enfermedad y quien quiso compartir su historia en la conmemoración del Día Mundial del Trastorno Afectivo Bipolar (TAB).
“El diagnóstico de esta enfermedad estigmatiza, pero también clarifica y te ayuda a entender tus constantes cambios y esa sensación entre abatimiento y euforia que te aquejan. En 2017 me diagnosticaron depresión severa, por lo que fui internada en una clínica psiquiátrica ya que mi vida corría peligro por mis pensamientos suicidas y mis reiteradas crisis. A pesar de ello, al tiempo de salir, intenté acabar con mi vida por lo que tuve que ser internada nuevamente, pero esta vez, puse todo de mi parte y pude salir adelante. Luego de varios test y terapias me informaron que mi diagnóstico era Trastorno Afectivo Bipolar, por lo que miles de preguntas vinieron a mi cabeza, pero al mismo tiempo no me atrevía a decirlas por temor a la respuesta ya que, como muchos, pensaba que todos me tildarían de desquiciada”, relata Ignacia sobre su primer enfrentamiento con un cuadro que al ser crónico, la acompañará durante toda su vida.

El Director Médico de Clínica MirAndes, el psiquiatra Dr. Jorge Ochoa, explica que los pacientes con Trastorno Afectivo Bipolar suelen presentar episodios de semanas, días o meses, en que están depresivos y alternan con una fase de exaltación (manía – hipomanía) o con un cuadro mixto. Transformándose esta inestabilidad anímica en algo crónico.

“Lo más característico en el Trastorno Afectivo Bipolar es que el paciente, la mayor parte de su vida, esté en episodios más bien depresivos. Eso hace muchas veces difícil el diagnóstico. Lamentablemente el diagnóstico es tardío. Un gran porcentaje de pacientes tarda incluso hasta 10 años en promedio en que se les haga recién el diagnóstico de enfermedad bipolar ”, indica el especialista.

En este sentido, el Dr. Jorge Ochoa precisa que, frente a esta presencia de alteración anímica, las personas deberían consultar a un profesional. Vale decir cuando las personas sienten que su ánimo va desde fases de mucho desánimo y abatimiento, a periodos anormalmente más activos, más contentos, con menos necesidad de sueño, y aumento de la lívido, podría existir sospecha de Trastorno Afectivo Bipolar.

Pedir ayuda a tiempo

Para el Director Médico de MirAndes, acceder a un diagnóstico oportuno es clave. “Como la enfermedad Bipolar es un cuadro crónico, en la medida que llegamos tarde al diagnóstico, la recurrencia de nuevos episodios más graves va generando mayor vulnerabilidad y mayor predisposición a generar nuevos episodios. Y estos nuevos episodios suelen ser más graves, generando de alguna manera un deterioro en el paciente. El ideal es hacer un diagnóstico oportuno, iniciar tratamiento con estabilizadores de ánimo para lograr evitar la recurrencia. La recurrencia de episodios es lo que agrava el cuadro y empeora el pronóstico”, explica el médico psiquiatra.

Los días oscuros

Respecto de la época en que vivió más duramente esta enfermedad, Ignacia recuerda que coincidió con la época en que se animó a independizarse. Esa nueva libertad la hizo enfrentarse a emociones polarizadas, marcadas por la impulsividad.

“Decidí irme de la casa de mis padres, lo que me trajo un aire de libertad que jamás había sentido. Comencé a salir todas las noches sin importarme el mañana, realizando actos de manera muy impulsiva y sin pensar en los demás. Mi energía no acababa, jamás estaba cansada. Mi autoestima estaba por las nubes. Me sentía dueña del mundo. Pero al mismo tiempo, esto me llevo al otro extremo, trayéndome innumerables problemas familiares, amorosos y de trabajo. Al poco tiempo, comencé a llorar por todo, no dormir por las noches y todo me aterraba. La tristeza se hizo insoportable. Me cansaba por todo y subí de peso. Sólo deseaba no pensar y dormir por siempre, por lo que decidí buscar ayuda”.

Precisamente, pedir ayuda fue clave. Y es que acceder al debido tratamiento marcó un antes y un después en la vida de Ignacia. Conocer su diagnóstico, entender qué es el Trastorno Afectivo Bipolar y seguir un tratamiento, le ha permitido tener una vida normal, trabajar y tener una relación de pareja.

Sin miedo

“Actualmente, disfruto de un estado de estabilidad plena. La posibilidad de sufrir nuevos episodios jamás se irá, pero gracias a la terapia, los medicamentos, el buen dormir, un entorno positivo y un buen sistema de apoyo, he logrado alejarme de la depresión y la impulsividad. Existen suficientes recursos para hacerle frente a los síntomas y llevar una vida totalmente normal”, detalla Ignacia.

La joven de 26 años, con singular sabiduría, es enfática en señalar que se debe perder el miedo al Trastorno Afectivo Bipolar. “No hay que entrar en pánico cuando te informan que padeces bipolaridad. Es posible manejar las emociones y hay muchas maneras para abordar los momentos críticos. Siendo ordenado, se puede llevar una vida plena, exitosa y feliz. Si pudiese explicar con un término el trastorno bipolar sería: FRAGILIDAD, ni más ni menos. Al mismo tiempo, si tuviese que decir dos palabras para ayudar a un bipolar diría AMOR, muchísimo AMOR y PACIENCIA”, sentencia.

Para cerrar su testimonio, Ignacia hace un especial llamado a enfrentar la Salud Mental sin prejuicios. “La Salud Mental es tan o más importante que la salud física. Una no puede estar sin la otra ya que se complementan. Por esto me atrevo a escribir esta carta y contarles mi historia, esperando que les sirva de experiencia y sintiéndonos orgullosos de quienes somos, queriéndonos más”.

El Trastorno Afectivo Bipolar es parte de las patologías GES, por lo que de presentar este diagnóstico, se cuenta con acceso a tratamiento garantizado por ley.

La Red Clínica MirAndes cuenta con un completo equipo de profesionales especializados en éste y otros trastornos. Para solicitar orientación al respecto puede contactarse a través de contacto@mirandes.cl o el teléfono 226044000.

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