LUN.com Ya en julio, el periodista Andrés Caniulef (41) venía lidiando con una depresión que hizo pública en “La Mañana”, el matinal de Chilevisión donde trabajaba. Pero no fue hasta el 1 de octubre que los coletazos de su enfermedad fueron visibles. Esa noche apareció en muy mal estado en el programa “Mentiras Verdaderas” de La Red. “Ese día estaba en plena crisis. No había dormido nada, había tenido una crisis de pánico y estaba tomando clonazepan, lo que me hizo ver muy mal. Ese día fue el comienzo de todo”, relata el periodista que recibió el alta médica de la Clínica MirAndes, donde estuvo internado 10 días.

Esa misma noche después del programa, sigue Caniulef, “vinieron a mi casa dos grandes amigas”, María José Soto y Fabiola Flores. Hablé por primera vez con ellas de lo que me estaba pasando. Me hablaron de la posibilidad de internarme. Era una solución que había desechado antes, pero esta vez dije sí vamos”.

Al otro día sus mismas amigas, más otros amigos como Ras Silva y Maritza y Carolina, las dos hermanas de Caniulef, tomaron cartas en e asunto: “Me hicieron una suerte de intervención para hablar de mi internación. Primero partimos a la clínica psiquiátrica Ñuñoa, pero estuve sólo una noche . Como se filtró a la prensa donde estaba, decidieron cambiarme”, dice Andrés, después de dar una calada a su segundo Marlboro mentolado y dar un sorbo a su Coca Cola Light.

Así que comenzó su terapia en la Clínica MirAndes, desde donde fue dado de alta hace 11 días. “Llegué con una maleta pequeña con dos polerones, cuatro poleras, tres jeans y muchas zapatillas; todas sin cordones. Y nada de cinturones, porque no puedes llevarlos a estos lugares”. Añade que “la primera parte del tratamiento incluyó una cura de sueño. Te sedan vía intravenosa y estuve dos días durmiendo. Desperté en dos ocasiones”.

Al tercer días despertó y empezó de lleno su tratamiento: “Me presentaron a mi psiquiatra, una profesional estupenda, con la que tuve mucho feeling. Me dio un estabilizador del ánimo y un remedio para dormir porque tenía problemas con el sueño. La veía una vez por día”.

La rutina en la clínica MirAndes para Andrés fue tomando forma y asegura que “cada día me sentí más a gusto. Me ordenaron el sueño: me dormía a las 22:30 y despertaba a las 6:30. También me ordenaron las comidas, comía cada tres horas, comida sana, subí cinco kilos”.

Durante el día, sigue él, “habían talleres de terapia ocupacional, zumba, mucho yoga, artes manuales, como origami, que me salía muy mal. También había terapia grupal con mis 11 compañeros, donde hablábamos de nuestros problemas y experiencias”.

-¿Cómo fueron para usted esos días internado, Andrés?

-Cuando estaba en crisis me habían dicho mucho eso de que tú eres un hombre fuerte, que yo podía, pero esta batalla no la podía ganar solo, así que me sentí muy protegido en la clínica, muy confiado, con el mejor equipo para lidiar con esto.

-¿Llegaron al detonante de su estado depresivo?

-Mi psiquiatra, en la terapia, vio el problema desde la raíz y lo empezó a tratar desde ahí. En definitiva mi gran dolor era que no tenía resuelto el tema con mi papá, esa era una herida abierta que trataba de tapar con parches que se iban saliendo y se volvía a abrir. Cuando asumí mi sexualidad públicamente él no lo entendió y se creó un silencio permanente entre los dos. Por mi parte, también creía que mi familia no era capaz de entenderlo, porque no lo habíamos hablado. Tenía miedo y, como dice Yoda (de la “guerra de las Galaxias”), el miedo es el camino a la oscuridad y yo estuve en la oscuridad máxima.

-¿Por qué no lo hablaron en su momento, Andrés?

-El mayor tope a hablarlo me lo ponía yo mismo. El no ser capaz de decirles: este soy yo y me gustaría que ustedes pudieran entenderme y aceptarme. Faltaba hablar claramente sobre el tema y decirles lo que sentía.

-¿Lograron reparar su relación?

-Sí, afortunadamente mis papás estuvieron muy presentes en este periodo y en el fin de semana libre que tuve en la clínica, para evaluar si salía esa semana, hicimos una reunión familiar. Ahí hablamos de lo que me pasaba, por qué estaba así. Les dije que tenía un vacío tan grande que no podía llenar con nada, y que ese vacío tenía que ver con esa casa sin piso, donde no tenía raíces, porque ni yo mismo las busqué, porqué no me dí el tiempo de hablar con mi papá y decirle te necesito.

-¿Cuál fue la reacción de su papá?

-Ver a tu papá llorar es una de las cosas más fuertes, sobre todo a un papá que es militar, un duro. Me dijo te quiero, estoy orgulloso de ti, eres mi hijo y te voy a querer siempre. esas fueron las palabras que yo necesitaba para abrirme, desde ese día tenemos una conversación clara y sincera.

Lo que viene

La relación familiar de Andrés mejoró tanto que, ahora que recibió el alta médica de su internación, está viviendo en la casa de sus padres en Gran Avenida. Ahí comparte con sus hermanas y sobrinos. De hecho el periodista saca su celular en un momento y muestra unas fotos de ellos: “Mira aquí fuimos a almorzar juntos y aquí están mis sobrinos. Hace mucho tiempo no tenía fotos de ellos. Sin duda este es un nuevo comienzo”.

-¿Cómo seguirá su tratamiento?

-Sigo yendo a mi psiquiatra cada 15 días, ahora estoy sólo con un remedio, que es el estabilizador del ánimo. Estoy tomándome unas pequeñas vacaciones y sobre todo reencontrándome con la gente que quiero, porque cuando estuve mal me cerré mucho. Y aún así todos mis amigos decidieron estar ahí.

-¿Qué viene ahora para usted?

-Me reencuentro con quien soy, me reconcilio con mi pasado, pero por sobre todo me concentro en el presente. Hoy estoy sano, ya no tengo la herida, se cerró. Tengo a mi familia, el amor de mis amigos, el de mi papá, que hoy es innegable. Siento que los errores y los tropiezos son necesarios, porque te recuerdan que estás vivo. Me siento muy afortunado, además estoy en conversaciones para volver a trabajar, que es la primera recomendación de mi doctora. Siento que tengo la posibilidad de reinventarme y rediseñar la mejor versión de mí a partir de hoy.

Fuente: LUN.com

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